Las historias detrás de Los Pinos

La casa presidencial ha vivido tertulias con Agustín Lara, bodas, bautizos, apariciones de fantasmas y hasta se ha convertido en zoológico
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¿Se imagina a Alejandro Poiré, secretario de Gobernación, engolando la voz para dar vida a un gánster o a un galán en una película filmada en la residencia oficial de Los Pinos?

Inverosímil hoy, pero a mediados del siglo pasado, Mario Moya Palencia, quien fue secretario de Gobernación y aspirante a presidente de México, se prestó para filmar películas en el Salón Juárez de Los Pinos, a lado de subsecretarios y actores profesionales bajo la dirección de un inquieto Miguel Alemán Velasco, hijo del presidente Miguel Alemán Valdés.

La casa presidencial ha vivido tertulias con Agustín Lara, bodas, bautizos, apariciones de fantasmas, zambullidas en las frías aguas de una alberca -hoy convertida en cisterna-, y hasta se ha convertido en zoológico con osos y fieras salvajes.

Hoy, un par de perros son mascotas del presidente Felipe Calderón, deambulan y asustan a funcionarios cuando juguetones irrumpen volando por las ventanas de oficinas.

Desde septiembre pasado, los trabajos de remodelación comenzaron en Los Pinos. La casa Miguel Alemán fue desocupada por todos los funcionarios para acondicionarla nuevamente como la residencia en donde vivirá la familia Peña-Rivera.

El presidente Calderón Hinojosa ha comenzado a sacar sus cosas de Los Pinos y han sido trasladadas a su casa en Las Águilas, a la cual todavía se le hacen algunos acondicionamientos.

Cada mandatario imprimió su propio sello a esta casa sin número en la puerta y que ha sido la morada presidencial en los últimos 77 años.

"La Hormiga"

Fernando Muñoz Altea escribió en "La historia de Los Pinos", uno de los pocos libros sobre esta propiedad.

Este edificio, dice Muñoz, nada tiene de extraordinario en su arquitectura exterior ni interior, porque todo está presidido por una espartana sencillez, sin ostentaciones de ningún género en sus no demasiados salones y habitaciones, cuyos inquilinos, a pesar de su alta jerarquía, viven en discreto protocolo.

Rancho durante el imperio de Maximiliano, La Hormiga' -como se le conocía al predio- fue adquirida en 25 mil pesos. Sin embargo, derrocado el imperio, el gobierno la devolvió a sus antiguos dueños: don José Pablo Martínez del Río, un médico panameño.

En total, en los siglos XIX y XX se vendió en tres ocasiones. Venustiano Carranza lo expropió en 1916 y dos años después fue recuperado. En 1924 fue vendida la hacienda a Álvaro Obregón.

Años después, la propiedad volvió a manos del gobierno. Así, se convirtió en la residencia de funcionarios de mayor confianza de los presidentes en turno, como una forma de tenerlos cerca del Castillo de Chapultepec, en donde ellos vivían.

Los periódicos de la época cuentan que a las 10:30 de la mañana del lunes 7 de agosto del año 1922, tuvo lugar el matrimonio civil y religioso de la señorita Hortensia Elías Calles, hija del general Plutarco Elías Calles, secretario de Gobernación, con el señor Fernando Torreblanca, secretario particular del general Álvaro Obregón, quien fungió como padrino de los desposados.

"Como todos éramos chicos disfrutamos mucho aquellas veredas en el bosque que rodeaba la casa. En medio del jardín había un pequeño lago con una estatua en medio. Además, existían el estanque y las caballerizas. En tiempos de lluvias se formaban verdaderos lodazales", relata doña Hortensia en el libro sobre la Historia de Los Pinos.

Fue el 3 de enero de 1935 cuando los diarios reseñaron el aviso de que el general Lázaro Cárdenas dejaba el Castillo de Chapultepec. Salvador Novo lo reseñó así: "El Castillo de Chapultepec, que había visto caer a los Niños Héroes de su Colegio Militar y más tarde sería la prisión de Maximiliano (...) vería que su presidente, Cárdenas, lo desdeñaba como habitación, y lo inauguraba como museo de historia, en momentos en que él personalmente pasaría también a la historia".

Enrique Krauze relata que doña Amalia dijo que Cárdenas gustaba del campo, la naturaleza, los caballos y los deportes, como militar, por lo que buscó alguna propiedad del patrimonio nacional"que se adaptara a su manera de vivir, a su manera de ser y a su carácter". Lógicamente, tampoco le gustó el nombre de La Hormiga para su casa, prosigue doña Amalia, "por lo que le puso el nombre de Los Pinos y mandó que se plantaran muchos pinos para que realmente le diera razón de ser".

Fue el periodista Luis Suárez quien contó: "De los pinos chicos a los pinos grandes. Esto es en cierto modo un homenaje a su esposa Amalia. Ya que en una huerta llamada Los Pinos, cercana a Tacámbaro, Michoacán, se conocieron".

La señora Soledad Vázquez, secretaria de Cárdenas, contó que "muy pocas reformas o transformaciones se le hicieron, pues no se contaba con muchos recursos. Algunas pequeñas adaptaciones, sin pensar en grandes lujos: a la alberca se le quitaron los declives que se usaban para bañadero de los caballos. El agua, como no tenía calderas, era helada, helada, no obstante, así nadaba el general muy de mañana".

Amigos muy íntimos o miembros del gabinete acostumbraban ir a su casa muy temprano para tener entrevistas de emergencia. Con alegría retozona el presidente. Invitaba a los que pretendían la entrevista a que lo acompañaran a darse una fría zambullida en la alberca, hoy convertida en cisterna.

En las fiestas, Cárdenas del Río pedía cantar a Amalia, a sus hermanas y amigas canciones de Guty Cárdenas como Flor y Ojos tristes. "Cuántas veces fueron a Los Pinos a cantarle el doctor Ortiz Tirado, Los Cuates Castilla, Pedro Vargas acompañado al piano de Agustín Lara".

Lázaro tuvo una escuela en Los Pinos con una treintena de niños, hijos de obreros y campesinos que convivían en igualdad de condiciones con su hijo Cuauhtémoc. Los juegos de carácter bélico los prohibió el general. La revista Estampa describió en 1940, que los niños eran traídos de distintas partes en las giras del presidente.

"Saliendo de Los Pinos -narró doña Amalia a Fernando Benítez- mandamos nuestras cosas a la casa de Dámaso, y vivimos un mes en Sabino 132. Una vieja casa de la colonia Santa María. Luego nos fuimos a Apatzingán, pues la tierra caliente le atraía".

Sin niños en la residencia

Los Ávila Camacho nunca tuvieron hijos. En sus recuerdos, doña Soledad, esposa del Presidente, describe que Los Pinos "tenía una terraza que daba al oriente con una hermosa vista al bosque. En la planta baja estaba el comedor con muebles estilo Imperio y un enorme espejo sobre el trinchador, que lo hacía aparecer más grande. Una modificación fue la construcción de un antecomedor y lugar para guardar vajillas y una despensa. En la parte alta había cuatro recámaras y tres baños. Además, un hall (salón) para proyectar películas".

Al principio vivió con ellos su sobrina Paz Consuelo Orozco. El 12 de diciembre de 1942 tendría lugar el primer matrimonio de un miembro de la familia presidencial, pues la joven Paz casó con Tarsicio Márquez, subjefe de ayudantes de su tío. Practicaban bádminton y frontenis con las esposas y los miembros del gabinete, lo que luego se conoció como Club de Los Pinos.

A mediados de 1947, el presidente Miguel Alemán ordenó la construcción de la nueva casa presidencial y concluyó un año antes de que terminara el periodo presidencial en 1952.

Alemán Velasco, según se cuenta en "La historia de Los Pinos", se volaba la barda con la aquiescencia de los elementos del Estado Mayor Presidencial. "Por esa época filmé varias películas con amigos, en lo que es el Salón Juárez donde antes había un frontón, con actores noveles como Mario Moya Palencia, subsecretarios y artistas de cine profesionales y toreros", relata.

En Los Pinos no sólo nació su tercer hijo, sino que se casó su hija Beatriz. La fiesta se llevó a cabo en la Casa Miguel Alemán -hoy convertida en oficinas- y de hecho con ese acto privado se estrenó por vez primera.

La casa fue construida en tres niveles: en la planta alta se encontraban las habitaciones de la familia; en la planta baja, los salones oficiales para recibir y atender audiencias, y el sótano.

En el matrimonio Ruiz Cortines Los Pinos tuvo unos inquilinos tranquilos, pues al mandatario no le gustaban las fiestas ni desvelarse. Su esposa María, en cambio, organizaba juegos de canasta con sus amigas. Sólo los sábados él se reunía con sus amigos en una casa en la calle de Yucatán, pues los domingos los dedicaba a leer o tomar el sol en la casa presidencial.

La única fiesta ocurrió el 2 de noviembre de 1958, a unos días de dejar la Presidencia. La organizó su antecesor, Miguel Alemán, con bailes regionales y amigos.

Adolfo López Mateos padecía migraña. Eso le obligaba a permanecer mucho tiempo encerrado. Sin embargo, Los Pinos fue escenario de visitas de hombres de Estado como el francés Charles de Gaulle y el mariscal Tito, de Croacia.

Gustavo Díaz Ordaz relata el libro Historia de Los Pinos, gustaba de nadar y hacer prolongadas caminatas en los jardines, acompañado de su esposa Guadalupe Borja o de sus hijos. El 12 de septiembre de 1967, Armando Manzanero incluso les cantó en su aniversario de bodas "Parece que fue ayer".

Los escritores José Agustín y Fernando Rivera Calderón han descrito cómo el mandatario también tuvo grandes problemas por una relación extramarital con la actriz Irma Serrano, a quien señalan que en un cumpleaños de Borja llegó a Los Pinos a cantarle las mañanitas acompañada de mariachis ante el enojo de doña Guadalupe. El pleito acabó en una cachetada de Serrano a Díaz y el corte de cartucho de la escolta del Presidente.

Una ocasión, en sus caminatas, Díaz Ordaz encontró una bicicleta, montó en ella sin saber que pertenecía a un mensajero. Una hija de Díaz Ordaz evoca en el libro sobre la historia de la casa presidencial: "La casa la recibió mi mamá en buen estado, a pesar de que los López Mateos no habían vivido ahí sino en su residencia en Tecamachalco y ella la dejó como estaba, sólo hizo algunos cambios en la distribución y decoración, tales como cambiar papel tapiz, colchas y alfombras".

Una mañana de enero de 1967, el matrimonio Díaz Ordaz abrió las puertas de su dormitorio y vio Los Pinos cubiertos de nieve.

En septiembre de 1969 casó en Los Pinos uno de los hijos de Díaz Ordaz. A su hijo Alfredo le atribuyen haber llevado a Los Pinos a Jim Morrison y supuestamente fumar mariguana en un salón, donde al ser descubiertos por su padre los echó.

El presidente Díaz Ordaz, según el propio Alfredo, les dijo en los aciagos días de octubre de 1968 que no salieran de Los Pinos "por precaución y para evitar otros problemas".

En el siguiente sexenio, la esposa de Luis Echeverría mandó instalar en el sótano un museo con trajes regionales a donde llevaba a los invitados oficiales de su esposo. Por su parte, el mandatario era famoso por citar en Los Pinos a campesinos, sindicalistas y estudiantes para participar en sesiones que a veces terminaban hasta el amanecer.

José López Portillo escribe en sus memorias: "Desde el 1 de diciembre de 1976 ingresé a vivir a la residencia presidencial, cuando las adaptaciones no estaban aún concluidas (...) mi hijo José Ramón y yo fuimos desde la primera noche, fue como un acto simbólico, el resto de la familia llegó 15 días después (...) decoramos las habitaciones al gusto y yo ocupé la que estaba arriba del despacho presidencial (...) los muebles que dejó el licenciado Echeverría se quedaron, compartí ese gusto con él".

En la casa Lázaro Cárdenas vivieron la madre de López Portillo y su hermana Margarita, que había sido víctima de un atentado.

"Disfruté la cancha de tenis, ahí aprendí a jugarlo, y las dos albercas. Recorría Los Pinos a pie y cuando se necesitaba usaba el tren eléctrico. Añadimos flores. Por los disturbios de la guerrilla urbana tuvimos que adaptarnos a vivir dentro de Los Pinos", según el relato de López Portillo.

Una ocasión, María Esther Zuno de Echeverría le dijo a José López Portillo que por subir y bajar las escaleras de Los Pinos se le pondrían duras las piernas. Él respondió que eso no le correspondía y en consecuencia mandó colocar un elevador en donde había un clóset.

Carmen Romano es quien relata que por trabajar hasta altas horas de la noche, una ocasión preguntó a los oficiales por qué siempre dos le acompañaban. "Es que aquí asustan, porque dicen que aquí mataron a una persona", a lo cual ella contestó "esas son tonterías, los muertos no regresan".

El 21 de octubre de 1979, Carmen López Portillo y Romano contrajo matrimonio en Los Pinos con Rafael Tovar y de Teresa. Al año siguiente hizo lo propio su hermano José Ramón. La más joven de los hijos del Presidente también usó Los Pinos para casarse un año más tarde.

En ese tiempo, las relaciones entre el Estado y la Iglesia no estaban reguladas, eso ocurrió hasta el sexenio de Carlos Salinas (1988-1994). Pero eso no impidió que el Papa Juan Pablo II entrara a Los Pinos y oficiara una misa privada para 50 personas, entre familiares, amigos y algunos funcionarios de López Portillo, quien luego diría que si el problema era una multa, él la pagaba con gusto. Posteriormente, Ernesto Zedillo también recibió al Papa en Los Pinos.

En 1981, López Portillo decide dejar una efigie suya en Los Pinos, para ello, ideó el Paseo de los Presidentes. Desde entonces, 5 escultores forjaron las estatuas que hoy suman 12.

Felipe Calderón Hinojosa es el número 13 en el paseo, con una obra del artista Ricardo Ponzanelli a un costo de medio millón de pesos. Aunado a ello, habrá un cuadro en Palacio Nacional para estar a lado de sus antecesores.

El matrimonio de Miguel de la Madrid-Paloma Cordero llegó hasta febrero de 1983, pues en diciembre y enero se hicieron obras de adaptación y conservación, como pintar muros y cambiar las alfombras.

"Han sido cambios secundarios, como pintar los muros de diversos colores", según el relato recogido de la primera dama. Solamente añadieron tapetes de Temoaya "que le han dado a la casa la armonía que nosotros buscábamos".

De la Madrid Hurtado pidió cambiar los muebles del despacho presidencial y de la biblioteca, a donde gustaba encerrarse a leer.

Una obra muy importante en el sexenio fue la transformación de la fachada, así como la vialidad de Parque Lira, que se corrió al poniente para hacerla más rápida, ya que antes pasaba frente a Los Pinos, lo que causaba trastornos de tránsito. Los periódicos relataron que la fachada quedó totalmente blanca y con un enorme escudo al centro. Además, se hicieron los estacionamientos con capacidad para 306 autos.

Paloma Cordero una vez dijo: "La gente cree que vivir en Los Pinos es vivir nada más gozando, pero no es así (...) esos momentos difíciles son cuando vemos que no se pueden hacer más cosas por nuestro país (...) también, todos los días a las 5 se oye el clarín de Diana para levantar a los guardias presidenciales y en ocasiones el rugir de los leones de Chapultepec".

Mucha gente se pregunta cuántos pinos hay en la residencia. Dice la leyenda que son menos de los que se cree, pues hay de muchas variedades: cipreses, ahuehetes, truenos, ocotes, cedros. De la Madrid cuenta: "El 19 de septiembre de 1985 yo estaba vistiéndome, desde luego, todos en la casa sentimos muy fuerte el sismo, afortunadamente en la casa presidencial no hubo desperfectos ni cuarteaduras (...) cité a junta de gabinete para instalar la Comisión de Emergencia y hacer frente a la catástrofe".

Como cortesía a Salinas y para que arreglara la residencia a su gusto, Miguel de La Madrid salió de Los Pinos en septiembre de 1988 y se fue a su casa en Coyoacán.

Si Miguel Alemán podía brincar las bardas de Los Pinos para irse de fiesta, con Carlos Salinas de Gortari se reforzaron las medidas de seguridad, como ahora con Felipe Calderón, en cuyo mandato era común ver por las noches pelotones de soldados recorriendo los alrededores de Los Pinos.

Salinas de Gortari abandonó la residencia oficial de Los Pinos luego de las fiestas patrias y se fue a vivir a su casa de Camino a Santa Teresa.

Ernesto Zedillo, su esposa Nilda Patricia Velasco y sus cinco hijos dejaron la residencia un mes antes de terminar el sexenio. La revista Cambio, bajo el liderazgo del escritor Gabriel García Márquez, contó en 2001 que Zedillo Ponce de León era tan austero, que para no desperdiciar papel, escribía sus apuntes en hojas recicladas.

Cuando se mudó a Los Pinos, Ernesto Zedillo pidió una modificación: pintar las paredes de blanco. Arrancó su gobierno con crisis y como muestra de austeridad se rehusó a modificar el despacho presidencial, porque en su opinión era ofensivo ese gasto ante lo que padecía el país. No obstante, aceptó erogar 2 millones 300 mil pesos para cambiar el piso de su oficina, remodelar el Salón Blanco, el Salón Morelos y el de Usos Múltiples. En las comidas masivas en Los Pinos se daban vinos de baja calidad e incluso sidra.

A finales de su sexenio, al recibir a la comunidad judía bromeó: "Ojalá noten que mandé traer vino kosher" -bebida apta en la religión judía-. La revista inglesa The Economist una vez aseguró que Zedillo era tan buen administrador, que llevaba las finanzas del país como las de su casa y las de Los Pinos.

Zedillo se mudó de Los Pinos en septiembre de 2000 para dejar entrar al primer presidente panista: Vicente Fox Quesada. Se fue a vivir al hotel Camino Real, toda vez que su casa en la ciudad de México estaba en remodelación.

Su llegada a Los Pinos estuvo marcada por el escándalo. Según fuentes del gobierno de Ernesto Zedillo, Fox Quesada pidió ocho millones de pesos para remodelaciones, además de que sacó un retrato de Benito Juárez.

Fox acondicionó en Los Pinos un par de cabañas para vivir él en una y otras para sus hijos, todo con un costo de 30.6 millones de pesos.

Ya instalado como Presidente, a Fox le estalló el escándalo por la compra de toallas de cuatro mil pesos para decorar la residencia, mismas que de acuerdo a una auditoría, se reveló que éstas no llegaron a los baños de la casa.

El panista se casó también en Los Pinos con su entonces vocera, Marta Sahagún, justo al cumplirse un año de su gobierno.

Con el pretexto de no contar con una casa en la ciudad de México, Fox abandonó Los Pinos un mes antes de concluir su mandato y se fue a vivir al hotel Fiesta Americana, sobre Paseo de la Reforma.

El presidente Felipe Calderón decidió ocupar las cabañas que Fox acondicionó y mantener la casa Miguel Alemán como el área de oficinas para él y sus más cercanos colaboradores. No regresó el retrato de Benito Juárez.

Lectores de iris, cierre de accesos, además de la colocación de rampas para personas con discapacidad, son sellos distintivos de los cambios de los Calderón Zavala, quienes han vivido con sus perros Rocky y Lucky.

Calderón Hinojosa sí acondicionó un amplio salón de reuniones en la residencia, además de un moderno sistema de seguridad a través de monitoreo.

El último cambio que hizo el actual mandatario, fue la construcción de una planta de tratamiento de agua con un costo de 22 millones de pesos. La intención es reutilizar el líquido y tener ahorros en electricidad.

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