Presidenciables viven una mañana de dolor en Chapultepec

Los cuatro aspirantes recibieron cara a cara los reclamos de quienes han padecido los estragos de la violencia en carne propia.
11:05

Besos y abrazos recibieron los cuatro candidatos presidenciales antes de sentarse en una mesa de trabajo sobre seguridad y derechos humanos, en la que después de la caricia, los alcanzó el latigazo de la crítica del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

A un mes de que concluyan sus campañas, o sea, cuando más necesitan aplausos, reconocimiento y la suma de adeptos, de pronto cayeron en la cuenta, por separado, de que estar en el Castillo de Chapultepec, no es estar en un lecho de rosas y sí pasar una mañana de espinas, cer

Aquello fue un ejercicio de crítica de frente, en el que con sus actitudes, cada aspirante presidencial trazó un autorretrato.

Josefina Vázquez Mota mostró la madre protectora que lleva dentro, la mujer solidaria con otra en desgracia. Resumió que “no hay paz, si no hay amor”.

Enrique Peña Nieto dejó ver una de sus máximas: alcanzar la eficacia en la tarea del Estado; mirar de frente siempre y reconocer errores o excesos de su equipo.

Andrés Manuel López Obrador estuvo ocupado en rebatir: “No soy autoritario, no soy mesiánico”, y comentó que “yo llamo a participar en el cambio pacífico del régimen”.

Gabriel Quadri dijo que es candidato de Nueva Alianza, porque fue el único partido que se lo propuso. El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad los convocó por turnos, los sometió a los cuestionamientos de víctimas de violaciones a derechos humanos y a la crítica de ese agrupamiento, en el que figuran el poeta Javier Sicilia y Emilio Álvarez Icaza, un par que se complementa: uno, emotivo; otro, estratega. Seis horas después vieron que los candidatos se fueron sin abrazar las propuestas sugeridas.

El rostro de Josefina Vázquez Mota se ensombreció por la condolencia a Margarita López Pérez, quien busca a su hija desaparecida a la edad de 19 años y está determinada a ir al mismo infierno, aunque sea por un cadáver.

Josefina y el líder del PAN escucharon fuertes reclamos de los asistentes. (Foto: AP)


Enrique Peña Nieto escuchó reclamos por los excesos cometidos en Atenco y por la muerte de dos personas. Un hombre, José Carlos Castro Gurrola, narró la tragedia de su familia desaparecida en Veracruz, con detalles que pagó Beatriz Paredes con una lágrima, como también antes había llorado Gustavo Madero ante relatos dirigidos a Vázquez Mota.

El aspirante priísta, en todo momento, miró atento a quienes reclamaban hechos en su gestión como gobernador mexiquense. Afirmó a los de Atenco: “Lamento los excesos cometidos”.

Peña Nieto, al que Sicilia le dijo: “No escuché su corazón; ni piedad, ni compasión frente a la violencia, ¡Vea a esa mujer arrodillada (en una foto en que un policía somete a una señora en la calle)”.

Beatriz Paredes acompañó a Peña durante el foro (Foto:AP)

Andrés Manuel López Obrador rechazó la descripción que hizo de él Sicilia, de intolerancia, sordera, confrontación, mesianismo e incapacidad de autocrítica. Además, víctimas de violencia reprocharon fallas del PRD y suyas como jefe del Gobierno capitalino.

El tabasqueño escuchó y cuando el latigazo era más duro echaba la espalda para atrás y luego replicó: “A mí no me pueden meter en el mismo costal”, y discrepó de la crítica, “fraternalmente”. Y al final, fue el único de los cuatro que se llevó saludos y abrazos de la mayoría de los invitados presentes.

Ayer fue una mañana de espinas, una gota de dolor en un mar que ahoga a la sociedad.

Andrés Manuel recibió peticiones de los deudos de víctimas. (Foto:AP)

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