Por: Andrés Manuel López Obrador*
México ha sido un país respetado y escuchado en el concierto de las naciones. No obstante, hoy en día su imagen internacional se ha deteriorado, asociada a la violencia y al narcotráfico.
Es por eso que tenemos que reconstruir la política exterior. Nuestra propuesta es mantener una relación de respeto con todos los pueblos y gobiernos del mundo. Haremos valer los principios de no intervención, la autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de los conflictos. Una política exterior que proyecte nuestros valores históricos de independencia y libertad.
Sostengo que mejor política exterior es la interior; que para que nos respeten en el exterior, primero debemos resolver nuestros problemas internos. La principal fuerza hacia el exterior será la justicia y la estabilidad. La soberanía nacional se refuerza con desarrollo y democracia. Así seremos respetados y respetables en el mundo.
La política de México hacia el mundo debe ser multilateral, recuperando liderazgo en la defensa de la paz mundial, de la no intervención, la autodeterminación y el diálogo del Norte y el Sur. México también debe recuperar su lugar en América Latina porque nos unen la cultura y la historia. Diversificaremos nuestras relaciones con todas las regiones y continentes.
Nuestra relación con los Estados Unidos se fincará en respeto a la soberanía y en la cooperación para el desarrollo. Nuestra frontera común de 3 mil kilómetros representa un desafío y una oportunidad para ambos países, pero sin militarización, intervencionismo, ni muros que nos dividan ni confronten.
Por razones geográficas, económicas, culturales y porque millones de mexicanos viven y trabajan en los Estados Unidos, el mejor camino es buscar una política de buena vecindad y de mutuo beneficio, manteniendo inalterables los derechos soberanos de nuestras naciones.
En la agenda bilateral más que la cooperación de carácter militar, debe estar el tema del crecimiento económico y la generación de empleos en México para enfrentar el fenómeno migratorio y la protección de los derechos humanos y laborales de nuestros compatriotas que por necesidad cruzan la frontera para trabajar en Estados Unidos.
En los últimos tiempos, la cooperación bilateral se ha enfocado principalmente a temas de seguridad, sin atender las causas que han originado los problemas de violencia y la creciente migración de mexicanos a los Estados Unidos.
En este marco, proponemos un cambio sustancial en la relación bilateral entre México y los Estados Unidos. Es más eficaz y más humano, aplicar una política de cooperación para el desarrollo que insistir, como sucede actualmente, en dar prioridad a la cooperación policiaca y militar. Por eso nuestra propuesta pone el énfasis en la generación de empleos y el bienestar de los mexicanos.
Queremos establecer una nueva relación con nuestros vecinos del norte, fincada en la cooperación para el desarrollo. Al mismo tiempo, es de nuestro interés convencer a congresistas y funcionarios del gobierno de los Estados Unidos, de la importancia de aprobar una reforma migratoria para regularizar la situación de los mexicanos que trabajan honradamente en ese país.
Nuestras relaciones con el mundo serán de cooperación para el desarrollo, la prosperidad, la estabilidad y la tranquilidad de nuestros pueblos. Ello, desde luego, en un ambiente de respeto a la soberanía de nuestro país y de solidaridad entre nuestros pueblos.
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